Tulipán Alejandro

Hola, mi nombre es Viky Fernández y quiero contarles acerca de mi hijo Alejandro. Él es nuestro tercer hijo y estábamos muy contentos por su llegada. Fue un embarazo gemelar y al cumplir 16 semanas el ginecólogo nos comentó que había complicaciones con la niña, y desafortunadamente su corazón dejó de latir. Fue muy lamentable lo que sucedió pero tuvimos que enfocarnos en Alejandro.

Íbamos a revisión cada 15 días, para cerciorarnos que todo marchara bien. Al cumplir los 8 meses tuve un sangrado. El doctor me comentó que tenía que practicar una cesárea, añadiendo que el bebé estaría mejor afuera que adentro. Entonces me intervino el 28 de septiembre del 2015. El bebé fue prematuro, con bajo peso y no sabía comer. Le hacían estudios constantemente y no nos dejaron verlo durante los primeros tres días de nacido. Salir del hospital sin mi bebé, fue algo muy triste. Lo dejaron una semana en UCIN pero llegó un cardiólogo y nos dijo que Alejandro tenía una cardiopatía congénita y que afortunadamente ya se practicaban cirugías para estos casos, ya que anteriormente enviaban así a los niños a casa, lo que representaba una muerte inminente.

En el hospital nos entregaron a Alejandro como un niño sano pero la preocupación no nos dejaba tranquilos. Conseguí el teléfono de un cardiólogo pediatra y lo llevamos a consulta. Efectivamente, se trataba de una cardiopatía compleja que necesitaba cirugía. Para que esto sucediera, Alejandro tenía que subir de peso. Su corazón latía muy rápido y estaba creciendo.

El Doctor lo medicó durante 15 días pero en noviembre del 2015, Alejandro fue internado debido a que no podía comer, por lo que le pusieron una sonda, pero para ese entonces su corazón latía muy rápido. Tres semanas después programaron la cirugía de Alejandro. Fue algo muy traumante ver a mi bebé en una cirugía a corazón abierto.

Después de siete horas de angustia salió el Doctor y me mostró un vídeo del corazón de Alejandro donde se veía cómo su corazón retoma sus latidos rápidamente. Catorce días después poco a poco le fueron quitando tubos y medicamentos a los cuales él reaccionaba favorablemente, incluso empezó a comer. Al cumplir los 17 días el doctor nos informa que firmaría el alta del niño, y nosotros quedamos sorprendidos y agradecidos. Durante la estancia en aquel hospital nos percatamos que habían muchas emociones, nos encontramos con parejas de papás cuyos hijos tenían diferentes enfermedades e hicimos buenos lazos con ellos.

Nosotros creíamos que tras la operación desaparecería la angustia, que ya no seguiría en vigilancia, con medicinas, etc. Gracias a Dios en casa contamos con seguro de gastos médicos así que no nos preocupamos al respecto. Al cumplir año y medio el doctor mandó a hacer un estudio para saber si el niño tenía un síndrome, y gracias a Dios no lo tenía. Sin embargo, la doctora que realizó el estudio pasó el reporte a nuestro seguro y de ahí mismo nos comunican que nuestra compañía de seguros (Seguros Monterrey) ya no pagaría por el padecimiento de mi hijo. Gracias a Dios contamos con IMSS y lo dimos de alta a la brevedad porque se necesitaba llevar a cabo la siguiente cirugía.

La angustia regresó y con más intensidad. En el IMSS nos han tratado bien, operaron a Alejandro un 06 de junio del 2017 y todo salió bien. Sin embargo, el 09 de junio del mismo año el cirujano nos dice que necesita intervenir nuevamente para cambiar una válvula, prótesis y marcapasos.

El niño siguió respondiendo favorablemente en las dos cirugías que se le practicaron, cuya duración en conjunto fue de 10 horas. Diez horas de angustia al verlo intubado y sedado hasta verlo despertar. Además mis otros hijos se encontraban en casa en cuidado de familiares.

A pesar de todo, Alejandro iba evolucionando bien, ya llevaba más de una semana en cuidados intensivos. Sin permiso de la enfermera rápidamente lo cargué y tuve que dejarlo nuevamente porque el tiempo de visita había terminado. A la hora me llaman porque el niño ya iba a ser trasladado a piso. Él estaba todavía adolorido, triste y confundido. Después de esto, fueron alrededor de 15 días de cargarlo día y noche. En el IMSS en el lugar donde estábamos sólo había una silla y su cuna pero él no quería estar ahí. Su papá lo cuidaba para yo poder ir a casa a bañarme y enseguida regresar al hospital. Pasaron tres semanas y gracias a Dios nos dieron la noticia de que podíamos irnos a casa con cuidados, medicamentos y vigilancia.

Seguimos con citas de vigilancia desde entonces, han pasado 3 años con 2 meses. El niño hace todo lo que haría un niño sano, corre, brinca, etc. Le agradezco a Dios todo, por los doctores, las enfermeras y los amigos que estuvieron aquí para nosotros.

Hace un mes nos dijeron que se necesita hacer un cambio de válvula de nuevo, una cirugía otra vez. Su cita está programada para octubre para ver qué procederá. En el IMSS nos dicen que hay que esperar a que haya lugar para hacer los estudios y para su cita porque la compañía aseguradora dice que no pagará nada, sigue con su postura que no nos brindará su apoyo.

Mi niño siempre está alegre, juega, brinca y corre. Nosotros le pedimos a Dios que sea todo lo mejor para él, los tiempos, los doctores, los medicamentos.

Agradezco que haya instituciones como Tulipán que brindan su apoyo asesorando y acompañando a los papás de niños enfermos.

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